El poder de lo Peor...
Cómo tus miedos pueden ser tu mejor motivación!
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Cuando enfrenté la decisión de dejar mi empleo para trabajar de manera independiente, sentía muchísimas dudas y miedos que me impedían actuar. Trataba de inyectarme optimismo e incluso practicaba ejercicios de visualización positiva que me hacían sentir valentía por momentos, pero sin ser suficiente para dar los pasos definitivos. Entonces, leí algo que me hizo pensarlo desde una perspectiva diferente: “…Visualízate en el peor escenario posible... ¿Qué es lo peor que puede pasar si actúas o si no actúas?…”
Decidí probarlo: Cerraba los ojos y veía esa especie de película de Drama Intenso en la que yo era la protagonista y me rodeaban las peores circunstancias y sucedían las peores cosas y me venía una sensación que empezaba con mucha incomodidad, miedo y frustración, pero acababa por surgir una energía de lucha y determinación para evitar esas vivencias, y creo que eso fue lo que finalmente me impulsó a dar el salto que necesitaba dar.
Ahora entiendo mejor por qué funciona y te lo quiero explicar esperando te sea de utilidad cuando afrontes alguna situación que te llene de temores.
El cerebro tiene dos sistemas básicos para la toma de decisión y de acción: el circuito de recompensa y el circuito del miedo. Esto significa que las personas actuamos de determinada manera sólo por alguno de estos dos motivos: Expectativa de Placer/Premio o Evitación de Dolor/Castigo. Son las palancas básicas por las que nos movemos.
Los ejercicios de visualización son una potente herramienta comprobada por la neurociencia: el cerebro genera los mismos neuroquímicos ante los estímulos imaginarios que ante los reales. Por lo tanto, imaginarnos teniendo éxito con nuestro proyecto es un ejercicio muy poderoso, y existen estudios que afirman que la acción es visualizar justo lo contrario, nos motiva aún más.
Andrew Huberman es un neurocientífico muy reconocido, profesor asociado en la Universidad de Stanford. Sus investigaciones se centra en la neurociencia del estrés, la ansiedad y el rendimiento. Ha realizado interesantes experimentos en los que demuestra que visualizarse en el peor escenario posible funciona muy bien como estrategia para empujarnos a la acción, optimizar resultados y lograr el éxito de manera más eficiente.
Según sus investigaciones, activando el circuito cerebral relacionado con evitar el dolor, la persona toma acciones más firmes para evitar ese resultado negativo.
El cerebro humano está programado para la Sobrevivencia: evitar el dolor y el peligro a toda costa, y buscar su seguridad. Al visualizarse en un escenario catastrófico, la persona siente el impulso de ser más audaz y trabajar más duro para “salvarse” y evitar esas circunstancias.
Paradójicamente, visualizarnos en el peor escenario posible puede reducir la ansiedad al enfrentar una tarea o decisión difícil. Al enfrentar ficticiamente los miedos y preocupaciones máximas, se puede sentir más control y preparación, lo que a su vez reduce el estrés y la ansiedad.
Y es que éste ejercicio nos permite considerar los posibles desafíos y obstáculos que se pueden presentar, desarrollando con anticipación estrategias para superarlos, aumentando así las posibilidades de éxito.
Sin embargo, es importante resaltar muy bien ésta parte: antes y después de considerar los posibles resultados negativos, es igualmente importante imaginar también el mejor resultado posible y trabajar hacia ese objetivo.
Si bien la visualización del peor escenario puede ser una herramienta muy útil, no debe ser el único enfoque. Lo recomendable sería recurrir a ella una vez que se cuenta con un plan de acción trazado a conciencia, el cual simplemente se ha estado postergando por indecisión o temores.
Se requiere entonces combinar esta técnica con una mentalidad positiva, establecer metas claras, medibles, alcanzables, realistas, y que puedan subdividirse en un plan de acción en el que se vayan festejando los avances para incentivar la liberación de los neuroquímicos que necesitamos para reforzar el compromiso y motivación y facilitarnos el conseguir la meta.
Una vez logrado nuestro objetivo, nuestro cerebro detona una gran dosis de serotonina, que nos provoca una sensación de satisfacción y bienestar, que nos impulsa a ir por otro. El éxito es adictivo.
Y si algo no sale como esperamos, llega el momento de practicar la Resiliencia, aprendiendo con la experiencia y renovando la energía, para redoblar esfuerzos, cada vez con mayor seguridad y mejor actitud, porque ya conocemos mejor el camino.
Inicié este artículo compartiendo una experiencia personal… Compártenos alguna de las tuyas, o tus reflexiones de este tema, para así aprender unos de otros!




Me pasó cuando estaba en proceso de escribir mi primer libro, sabía que lo quería y visualizaba como me sentiría al verlo completado pero eso no había sido suficiente para tomar acción. No obstante, cuando repasé el escenario de que pasaría si llegara la fecha en que me propuse tenerlo y no lo publicaba, el evitar ese sentimiento fue lo que me impulsó a comenzar y terminar la escritura. Excelente reflexión.
Todos vivimos un momento dado en el que deliberados dejar algo -insatisfactorio/seguro/miserable/XYZ- para dar el salto a otra cosa, algo propio, otro trabajo, otra decisión, un proyecto personal, etc. Me identifiqué con el texto!