¿Desaprender?
La Instrucción Equivocada.
“Tengo que Desaprender a hacerlo así” - Me comentó alguien ésta semana… y como cada vez que escucho ese verbo que se ha vuelto común, no pude evitar pensar, y decirle, que no nos conviene planteárnoslo así.
Nos lo ponemos mucho más difícil porque le damos al cerebro una instrucción contradictoria que no podrá seguir. Esto luego nos ocasiona frustración porque nos creemos incapaces de cambiar.
Para comunicarnos con alguien para solicitarle algo, tenemos que asegurarnos de hablarle en su idioma para que nos entienda, y ser muy claros y directos en lo que pedimos para lograr obtener lo que deseamos.
Pasa lo mismo cuando queremos lograr algo con nuestro cerebro y con esa expresión subjetiva de sus actividades que es nuestra mente.
El cerebro no sabe desaprender. No se borra la información como en una computadora. La única forma de que el cerebro pueda dejar de activar cierto comportamiento que ya tiene automatizado, es aprendiendo una nueva forma de hacerlo.
Con esto forma un nuevo camino - red neuronal - que se fortalecerá con la repetición, y solo así podrá dejar en desuso el camino anterior, que se irá debilitando poco a poco hasta desvanecerse.
Esto es una realidad anatómica. Microscópica, pero es algo físico, tangible. Es el principio básico de la Neuroplasticidad, ese maravilloso superpoder que nos permite ir moldeando nuestro cerebro como mejor nos convenga.
Y tenemos que recordar siempre que nuestras palabras, externas e internas, son órdenes para nuestro cerebro.
Cuando dices “dejar de hacer esto”, el cerebro no sabrá qué hacer con ese vacío.
Cuando dices “lo haré ahora así…”, le estás dando una dirección concreta.
Por eso, en lugar de “tengo que desaprender a hacerlo así” conviene decirlo de una manera mucho más funcional; “Voy a empezar a hacerlo de esta otra manera.”
No es un simple detalle de forma, sino algo muy diferente de fondo: lo convierte de algo abstracto en una instrucción simple y clara.
El cambio no ocurre porque eliminamos algo, sino porque instalamos algo nuevo y lo reforzamos hasta que se vuelve algo natural.
Si durante años has ido acelerado, no podrás “desaprender la prisa”, pero sí puedes proponerte practicar el hacer pausas y bajar de ritmo.
Si notas que durante años te has hablado con dureza, no lo podrás “desaprender” así nada más. Lo lograrás solamente entrenando una forma más respetuosa y amable de hablarte.
Los cambios personales no ocurren solo con la intención, ocurren con instrucciones claras y entrenamiento. Y esto empieza con algo muy simple: hablarnos con precisión.
En resumen: El cerebro no responde bien a los “ya no”. Responde mejor a los “a partir de ahora…”.
Esa pequeña diferencia en cómo nos hablamos, puede ser la diferencia entre seguir frustrándonos o empezar a cambiar realmente.



