Cosecha Inesperada
Elige, siembra y suelta.
Creo que tiene mucha razón la autora de “Como Agua para Chocolate”, Laura Esquivel cuando nos cuenta en esa novela que se convirtió en gran película, cómo al cocinar transmitimos las emociones que sostenemos al hacerlo.
Hace unos días compartí en algunas de mis redes con mucho orgullo, mis pequeñas cosechas que utilicé para preparar una pasta que quedó deliciosa, seguramente por esa razón, la alegría y satisfacción se sumaron a los ingredientes.
Y como me encantan las analogías y metáforas cotidianas, mi “cosecha inesperada” me dejó reflexiones que te quiero compartir, porque estoy segura que te pueden ayudar si lo llevas a tus propios temas.
Hace años que intento mantener siempre vivo un pequeño huerto en casa que me ponga a mano algunas cosas que uso al cocinar. En algunos años me va mejor que en otros. A veces no se me da casi nada, pero siempre vuelvo a sembrar.
Principalmente cuando se acerca la primavera, siembro semillas de cilantro, perejil, jitomate, espinacas, brócoli, apio, calabacitas. Es apenas una jardinera, no tengo más espacio, pero la hago rendir.
Este año nada prosperó. O al menos eso parecía. La verdad lo dí por perdido y casi dejé de prestarle atención. Pero el otro día, noté que estaba creciendo algo que creí que era espinaca... y resultó ser arúgula, que ya ni me acordaba de haber sembrado.
Luego encontré botones en una planta de jitomate, que aunque en su momento sembré muchas semillas que no se dieron, hace poco, sin mucho pensarlo sembré un par de jitomatitos uva, así tal cual, enteros y sin preparación “solo para ver qué pasaba” - y pasó que sí, me sorprendieron prosperando y dando frutos.
Total que mientras disfrutaba mi “platillo gourmet casero”, pensé: qué curioso... sembré de todo y se me dio “solo lo más especial”, no lo más común - y además, sucedió justo cuando ya no me acordaba, cuando solté los cuidados excesivos y dejé de estar a la expectativa, revisando constantemente cómo iban.
Y me dí cuenta de que es una perfecta analogía de lo que nos pasa muchas veces con otras cosas en la vida. Hacemos algo a lo que le ponemos una gran importancia, y nos obsesionamos por ver pronto los resultados sobre todo en esta época de lo inmediato, de lo automático, en la que se ha perdido la capacidad de esperar.
Y sin embargo la naturaleza, la vida, es tan generosa y sabia que te trae lo que es mejor para ti y en el momento justo. Cuando sueltas el control y simplemente sigues haciendo lo que te toca, y dejas a ella hacer su parte.
Claro que, como en el caso de mi huertito, se necesita siempre intención, acción y ciertos cuidados... pero también se requiere soltar expectativas y relajarse. Las cosas no suceden siempre de la manera y en el momento que se supone sucederían, pero constantemente recibimos frutos inesperados de lo que sembramos previamente.
Y para tener cosechas inesperadas constantes, hay que estar sembrando semillas constantemente también. Sembrando mucho, muchísimo, porque no todo fructificará, pero algunas sí. No sabemos bien ni cuales, ni cómo ni cuándo, pero vendrán cosas muy especiales que te sorprenderán agradablemente, y te llenarán de orgullo.
Así que las moralejas de la historia de mi cosecha otoñal son varias:
Elije y siembra con esmero e intención (hábitos, mentalidad, conocimientos, proyectos etc.) que sabes son los ingredientes que necesitas para crear las cosas que quieres en tu vida.
Nunca es demasiado tarde. Siempre es temporada de siembra y hasta en el otoño e invierno de la vida hay cosechas valiosas. Cultiva con perseverancia, y paciencia, pero sin presiones y soltando las expectativas.
Aunque algunos no prosperen, tú sigue sembrando más cosas, siempre con intención y optimismo… Y cuando lleguen los frutos, serán tan especiales que te sentirás profundamente satisfecho y agradecido.
#marneenpreza #innovaciónpersonal #gestióndementalidad



