Arqueología Personal
Desempolvando tesoros de tu pasado.
Esta mañana acomodando papeles, encontré textos que escribí hace "demasiados" años. Algunas cosas me causaron risa, otras vergüenza, otras ternura por esa versión de mí más joven. Pero me pasó algo curioso: reconocí ahí algunas pistas de decisiones y acciones que tomé muchos años después.
Esto me hizo pensar en algo a lo que le llamo "hacer arqueología personal", y consiste aprender a excavar conscientemente para rescatar valiosas perlas de nuestra historia personal que pudieron quedar enterradas con el paso del tiempo.
Y es que, se habla mucho de identificar nuestras heridas y sanarlas, pero debería hablarse más de recuperar y reconocer los momentos que forjaron nuestras fortalezas.
Ciertamente el cerebro humano viene programado para poner siempre más atención en lo negativo, en los errores, en lo que está o estuvo mal. Esto es por instinto de supervivencia y seguridad. Intenta así mantenernos a salvo. Sin embargo necesitamos equilibrar esta tendencia para poder vivir con mayor ligereza y alegría que contribuyan a nuestra felicidad.
Practicar Arqueología Personal nos permite hacer hallazgos de alto valor. Y es que en verdad cada experiencia que viviste, por difícil que fuera, dejó algún aprendizaje o beneficio en tu interior: Quizá esa época sin dinero te enseñó creatividad y aprovechamiento de recursos, esa relación que terminó mal te mostró qué tipo de amor no quieres, ese trabajo horrible te dio claridad sobre tus valores. Cada experiencia fue forjando quién eres hoy, e identificarlos en retrospectiva es muy enriquecedor.
El problema es que prácticamente nunca hacemos este inventario consciente del valor que nos han aportado nuestras experiencias. Vivimos tan enfocados en lo siguiente por resolver que no reconocemos en qué nos hemos convertido gracias a todo lo que hemos atravesado.
Esto se vuelve especialmente valioso durante nuestras transiciones. Cuando el futuro se siente incierto, tendemos a sentirnos como empezando desde cero. Pero nunca es así. Llevamos acumulado un tesoro que pocas veces reconocemos y aprovechamos.
Recuerdo por ejemplo a una cliente que se sentía perdida ante un cambio de carrera a sus 45. Empezamos a explorar todas las veces que había navegado exitosamente lo incierto: mudarse sola a otra ciudad, criar hijos como madre soltera, mediar crisis familiares, sacar proyectos adelante con mucho en contra, entre otras situaciones. Después de hacer esta "excavación" en su pasado, ya no se veía como alguien sin recursos, sino como alguien con un historial comprobado de adaptabilidad y resiliencia.
Así que, no se trata de minimizar las dificultades reales o eventos dolorosos que atravesamos. Se trata de desarrollar una perspectiva más completa y positiva sobre tu historia. Reencuadrar tu narrativa interna y reconocer que eres el resultado tanto de lo que te dolió como de lo que superaste, tanto de tus errores como de tu capacidad de aprender de todo ello.
La clave está en cambiar las preguntas. En lugar de preguntarte "¿por qué me tenía que pasar esto a mí?" preguntarte "¿en qué me convertí gracias a eso?" o "¿qué desarrollé que no tenía antes?". Son preguntas que te invitan a buscar no solo fragmentos rotos sino tesoros enterrados.
Y aquí es donde toca practicar la madurez emocional. Hacer arqueología personal requiere tomar cierta distancia de tus experiencias, observarlas con curiosidad en lugar de solo con dolor. Requiere benevolencia y honestidad para reconocer tus capacidades sin falsa modestia.
Las personas que hacen este ejercicio más fácilmente son las que no quieren seguir como víctimas permanentes. No significa que no hayan sufrido, sino que han desarrollado la capacidad de comprender su vida como un guion complejo donde son protagonistas y co-autores.
Hacer arqueología personal nos recuerda algo que olvidamos: ya somos más sabios y capaces de lo que creemos. No necesitamos convertirnos en alguien completamente diferente para enfrentar nuevos retos y desafíos, sino reconocer y usar conscientemente los recursos que desarrollamos anteriormente.
Si esta idea te resuena pero no sabes como hacerlo, recuerda que a veces es más fácil ver nuestros tesoros enterrados con una ayuda externa. A veces lo que más necesitamos no es aprender algo nuevo sobre nosotros, sino reconocer conscientemente todo lo que ya sabemos y somos.
La arqueología personal es un acto de justicia hacia ti mismo. Es reconocer que tu historia no es solo una colección de cosas que te pasaron, sino testimonio de tu capacidad de metabolizar las experiencias en sabiduría.
Por eso, te animo a iniciar esa "excavación" y te facilito una herramienta introspectiva para empezar si así lo decides.
Mándame un mensaje privado y te comparto un ejercicio que seguro te gustará
#marneenpreza #neurocoaching #innovaciónpersonal #introspecta #gestiódementalidad #gestióndetransiciones



