Aprender a Resolver
Hace muchos años tuve un jefe que si iba a su oficina con un problema, solo escuchaba y hacía una sola pregunta: “¿Y tú como lo resolverías?”
Yo esperaba que me diera la respuesta, o al menos una pista de qué decisión tomar. Pero él insistía en lo mismo. “¿Qué propones tú?”
Tardé muchos años en darme cuenta de lo formativo y poderoso que fue esto en mi vida.
Y entendí por qué lo hacía: No estaba evitando ayudarme, estaba obligándome a pensar más y mejor.
Todos necesitamos preguntar. Es conveniente contrastar ideas, y muy válido pedir opinión o consejo.
El problema es convertir esas conversaciones en una forma de pasividad intelectual, cuando ante la incertidumbre o los problemas, queremos que alguien más nos diga directamente qué hacer o cómo resolverlo.
Ahora que me dedico al desarrollo personal, veo como muchas personas buscan el acompañamiento esperando recibir en las sesiones respuestas muy concretas. Soluciones hechas a su medida. Pero eso sería un remedio temporal.
Lo que realmente les ayuda a largo plazo es otra cosa: Aprender a ser resolutivo.
Ser resolutivo no es un rasgo de personalidad. Es una práctica. Se entrena. Se aprende a pensar mejor. A cuestionar tus propias conclusiones. A mirar un problema desde varios ángulos.
Cuando esta habilidad empieza a desarrollarse, algo cambia. Dejas de depender tanto de lo que otros te digan. Y empiezas a confiar mucho más en tu propio criterio. A enfrentar la incertidumbre y los problemas con propuestas y no solo con dudas.
Exploras opciones.
Comparas ideas.
Buscas información diferente.
Reflexionas un poco más.
Esto es parte de lo que se hace en los buenos procesos de acompañamiento, ya sea coaching, mentoría, talleres personalizados: deben ser un verdadero entrenamiento que te permita ir creciendo ese “músculo”.
Llegar a soluciones que por ser propias serán las más congruentes y factibles.
Porque el objetivo nunca debe ser que alguien más piense por ti.
Es volverte una persona que sienta la seguridad de que es capaz de afrontar y resolver cualquier problema que se le vaya presentando.
Ser resolutivo no significa no tener dudas. Es entrenarte para no quedarte atrapado en ellas.
Pensar más allá.
Proponer alternativas.
Tomar posición audaz.
Ese músculo no se desarrolla solo. Se fortalece en conversaciones donde alguien te cuestiona, te pide claridad y te obliga a ir más lejos.
La verdadera ayuda no es que alguien solucione tus problemas, sino que te impulse a descubrir que tú siempre podrás resolverlos. 😉🧠💪



